l’Oasi #30: El absurdo: Cómo doblar una camiseta con una sola mano
Dado que he puesto la segunda entrega, no veo por qué no poner la primera. Venga pues, ¡la pongo! ¡No me presionéis!
Introducción al absurdo
Todos los comienzos son difíciles, e internarse en el absurdo partiendo de cero puede intimidar. Por ello, no partiremos de cero. Partiremos de Plaza Catalunya, donde quedaremos con unos amigos. Como todo hijo de vecino. Desde ahí cogeremos un tren hacia el absurdo. Los reconoceremos por estar pintados a topos rosas y cuadros verdes. Una combinación que, a pesar de no parecer demasiado acertada, es simplemente atroz. Atroz con leche, para ser más exactos. Si quisiéramos ser menos exactos, diríamos simplemente Azul. Estar totalmente equivocado es una manera cojonuda de acercarse a la inexactitud. Ser idiota está especialmente indicado.
Pero como les iba diciendo, sardinas con tomate y mortadela de Popeye. No necesitamos billete. Si aparece el revisor, interpretaremos el himno de su equipo de fútbol favorito con nuestra axila. Si el revisor es una persona cabal (podemos descartar la posibilidad de que sea naval, ya que entonces estaríamos en una fragata -que no una fregona-. Así pues, podemos considerarla despreciable, y a nosotros, unos miserables, CERRAMOS PARÉNTESIS) y no le gusta el fútbol, bastará con darle un beso en la calva. Si el revisor no es calvo, quizá estemos enamorados de nuestras madres. Cada uno de la suya, o las permutaciones que se nos ocurran.
Ah, si Freud levantara la cabeza… ustedes, que son personas ampliamente leídas, sabrán decirme que si Freud levantara la cabeza, se daría con la tapa del ataúd. Pues sí, pero lo que no saben es que, a continuación, procedería a masturbarse compulsivamente.
Pero eso no es lo más importante.
Breve estancia en el absurdo
Una vez allí, deben saber dos cosas. La primera, nunca salgan a la calle sin un puñado de arenques para ofrecer a los nativos a cambio de indicaciones. Dos: la comida es terrible, y por las noches no hay gran cosa que hacer. Para esas horas de sopor les recomiendo algunas de mis obras anteriores: “La muerte no está tan mal” y “No hay problema del que no se pueda huir”. Clásicos desde ya.
Huída del absurdo con los pies por delante
Escapar del absurdo es tremendamente fácil. No tiene más que… qué coño, ¡para qué mentirles! Es imposible, you’re under! Repitan conmigo: ¡Elvis Crespo en el papel de Freddy Mercury! Pan de pipas, mi padre en escabeche! ¡Pelotillas de carne picá!
Pero no se preocupen, no están ustedes solos. Y ya saben lo que se dice por aquí: Mal de consuelos, muchos de tontos.
Saludos, y hasta la próxima entrega de Bricomanía.